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Mecanismos de defensa: ver la realidad de una manera más verdadera

Por Leonardo Moscoso ·

Las maneras en que vemos, sentimos, entendemos y sabemos determinadas cosas pueden ser, paradójicamente, las mismas que nos incapacitan para verlas, sentirlas y comprenderlas con mayor profundidad.

Entendemos el mundo de una determinada manera, pero esa manera de entenderlo no siempre corresponde con la realidad. A veces, la forma que utilizamos para creer que vemos la realidad es precisamente lo que nos impide verla.

Queremos que la verdad nos llegue por otros medios, sin advertir que los mismos recursos con los que interpretamos la experiencia pueden alejarnos de ella.

Pero esto tiene una función: nuestra manera de ver, sentir y entender no aparece porque sí. Nos protege.

Nos protege de peligros, dolores y responsabilidades que podrían surgir si pudiéramos conocer, sentir o ver determinadas cosas de una manera más real.

Ahí podemos comprender los mecanismos de defensa. No solo evitan el dolor: también construyen una forma de percibirnos a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos permite mantenernos relativamente protegidos.

El problema es que aquello que en algún momento nos protegió también puede terminar separándonos de la realidad.

Por eso, el objetivo terapéutico no es simplemente quitar el dolor. Si una defensa empieza a ceder, probablemente aparezca parte del miedo, el dolor o el peligro del que esa defensa nos protegía. Sin embargo, también se abre la posibilidad de estar más en contacto con la realidad.

El trabajo terapéutico consiste en ir viendo aquello que la defensa no permitía ver, sintiendo aquello que no podíamos sentir y comprendiendo lo que necesitábamos mantener fuera de nuestra conciencia.

Cuando la defensa deja de ser imprescindible, podemos empezar a relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la vida de una manera más real.

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